Por  Nicola Cerantola, Fundador de Ecologing

¿Ecológico? No mira…no eres tú, soy yo…

Está demostrado, da mucha pereza, hay gente que huye directamente del tema. Algunos la llaman «ecofatiga» mientras otros hacen comentarios despectivos y otros tantos más no saben, están confundidos.

Tiene todas las características de una enfermedad. Lo efectos son claros, ansiedad, sentido de culpa, impotencia, estrés, incoherencia crónica. Sensaciones que vivimos cuando escuchamos alguien hablando de sostenibilidad o de lo ecológico. No es única, hay otros brotes virales, hermanos, la Socialfatiga o Éticofatiga. Se caracterizan por algo en común, su mayor estrategia de comunicación se basa en hacer sentir la gente mal o incómoda. Es un mensaje que empezó a materializarse a partir de los años 70, y que sigue bastante en la misma línea hasta hoy. Ha servido de mucho, muchísimo, no se puede quitar el mérito. Ha abierto ojos y sigue abriendo ojos sobre problemas enormes. Pero, está fracasando, porque las personas se acostumbran, se anestesian. El shock y la provocación se queda en nada en el tiempo, se va difuminando su efectividad, su fuerza.

Fundamentar, el cambio, en la piedad de la gente por la calle, no va a resolver el problema. El mensaje se queda atrapado en los problemas del día a día, en la crisis, en el telediario, en la falta de trabajo, en las factura que pagar, en los niños que necesitan vestirse para ir al cole o incluso en la derrota del equipo favorito.

Enseñar los peces muertos de un río contaminado por los vertidos de tintes, un vertedero con niños cavando en la basura o niñas de 12 años, esclavas, en los talleres textiles de Bangladesh sensibiliza a una persona, pero, posiblemente aleja a 5 otras más.

Ya sé que que es un tema controvertido, arriesgado pero, tenemos que empezar a encontrar soluciones efectivas, eficaces, y sobre todo empezar a hacernos preguntas incómodas.

Puede que haya llegado el momento de cambiar ese mensaje, de encontrar nuevas y mejores maneras para promover el cambio y la concienciación.

¿Qué tal si cambiamos la manera de transmitir estos problemas? Si apasionamos a las personas, o les involucramos en desafíos emocionantes, en batallas épicas, que ganar, todos juntos? Hablar de esa sociedad próspera, rica (no materialmente sino humanamente), integrada en el entorno, sostenible, ética en que queremos vivir. Esa experiencia de compra y de consumo que no responde a exigencias ficticias o construidas sino en una exaltación de la belleza, el intercambio de valores y la humanidad en todas sus tallas, formas y colores. Dejar de hablar de limitaciones y problemas y visualizar las potencialidades que existen y que están a nuestro alcance, porque lo están de verdad.

Por que no inspirar a nuestros amig@s, clientes y colaboradores para que sean parte de nuestro equipo ganador, de algo que haga la diferencia, que solucione un problema real de su entorno. No podemos hablar de sostenibilidad sin mirar lo que hace la naturaleza, perfecta en su complejidad asombrosa.

La pasión mueve a las personas, no el sentido de culpa. Encontramos las claves para que esta pasión por el planeta y la vida que hospeda, que mueve a una minoría sea contagiosa hacia la mayoría. Tengamos el coraje de atrevernos porque la recompensa es maravillosa, quizás sea eso el antídoto a las fatigas de nuestros días. No esperar convencer a los escépticos, sino seducirles con una visión de un mundo verdaderamente bonito en el que vivir ¿no crees?

Imagen: Flickr

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