Hay países latinoamericanos que se yerguen en el ideario colectivo a través de miles de lugares comunes. Bolivia es uno de ellos. Incluso para quienes vivimos cerca, su cultura y patrones estéticos están «reducidos» a un puñado de imágenes y materialidades. Sin embargo, marcas de moda de autor como La Espina de Vania Rodríguez Saavedra, nos demuestran que la modernidad y la tradición no sólo puede convivir, sino también complementarse y dar vida a productos con alto valor local y una mirada global. Todo desde una lógica donde el respeto por el entorno y quienes participan de la cadena de valor es clave. Te invito a conocerla.

La propuesta de La Espina

La Espina es una marca con una estética que busca encontrar el balance entre sus raíces y la escena de moda internacional. Para ello diseña prendas que buscan representar a la sociedad actual boliviana, tomando elementos de la identidad local de manera sutil, sin caer en el cliché del aguayo o la alpaca; todo ello con el fin de mostrar a un país que pertenece a la modernidad, sin perder su esencia.

La materialización de estas intenciones se han plasmado en dos colecciones que rescatan parte de las raíces históricas de la nación y la resignifican en código moderno. Por ejemplo en «Linaje» su otoño invierno 2014, se inspiró en la danza afroboliviana de la Saya y en la historia del colectivo afroboliviano.

Mientras en su primavera verano 2014, denominada Sonko Micuy (en quechua Come Corazones), su proceso creativo se centró en la danza boliviana del Pujllay.

Pero en su trabajo no sólo lo estético es una pieza fundamental, sino también el proceso que encierra su confección. Para ello como marca están motivadas a apoyar a los proveedores que promuevan el comercio justo, y sean sostenibles ecológica y económicamente. No obstante, debido a su escala de producción, este ítem aún les resulta complejo.

Sin embargo, no se desalientan, sino que han buscado la manera de convertir esta intención, en una práctica concreta de acuerdo a sus posibilidades. «Creemos en condiciones justas de trabajo. Para crear moda no es necesario hacerlo a costa de la explotación, sino que en nuestro taller empleamos a nuestros operarios con condiciones salariales, sociales y de horarios justos. Además consideramos que parte importante de nuestro proyecto es generar empleo en nuestro país y demostrar que se puede tener una empresa rentable con un trato justo a los empleados», explica Mónica Rodríguez, hermana de Vania y gerente comercial de la marca.

Aunque entienden que el camino recién comienza, están convencidas que hacer moda con identidad local y visión global en armonía con el entorno, no es un sueño, sino una realidad. Los frutos saltan a la vista.

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