Una falda plisada de colores sobre capas de enaguas, un chal bordado cogido con un broche y un pequeño sombrero, componen el look de las cholitas.

Por el equipo Slow Fashion Next.

Foto Portada : Look cholita. Fotografía de Delphine Blast

El siguiente artículo, publicado el pasado mes de noviembre, está escrito por la Editora Senior de Fotografía Alexa Keefe. En él nos muestra cómo la vestimenta de las cholitas ha permanecido intacta pese al paso del tiempo y a la sociedad a través de las fotografías de Delphine Blast.

Las cholitas de Bolivia, con sus sombreros y faldas capeadas, una vez fueron los blancos de la discriminación. Ahora esta moda es una fuente de orgullo.

Caminando por las calles de Sucre, Bolivia, hace más de una década, la fotógrafa Delphine Blast fue sorprendida por las mujeres aymaras y su forma de vestir con esas faldas capeadas y chales, con un sombrero hongo en lo alto de sus largas trenzas negras. Las mujeres eran fuertes –los años de duro trabajo estaban grabados en sus rostros, junto con el clima áspero y delicado del altiplano. Recuerda quedarse impresionada por su fuerza, sobre todo después de enterarse de la discriminación social y racial que habían soportado durante mucho tiempo.

Esto fue antes de la elección de Evo Morales, primer presidente amerindio de Bolivia, en 2005, bajo cuyo liderazgo la mayoría de la población indígena tuvo mayor reconocimiento y autonomía. Cuando Blast regresó recientemente a La Paz, notó un cambio, especialmente entre la generación más joven. Estas mujeres, conocidas como cholitas –un diminutivo de la peyorativa palabra española chola, en referencia a su herencia indígena- habían sido reclamadas por una nueva generación. Creando una escuela de modelado de cholitas y un programa de televisión, y su traje tradicional incluso inspiraba las tendencias más actuales de la moda.

Look cholita. Fotografía de Delphine Blast

 

Look cholita. Fotografía de Delphine Blast

 

Look cholita. Fotografía de Delphine Blast

Así que Blast decidió contar la historia de lo que significa ser una cholita hoy en día. Ella se centra en su estilo de vestir, utilizando ese símbolo de identidad cultural para celebrar su patrimonio andino, pero, sobre todo, dice ella, elegancia y dignidad.

Se reunió con las cholitas en festivales callejeros y en la escuela de modelos, y las invitó a hacerse unos retratos en el estudio, vestidas con sus mejores galas. Algunas vinieron con elaborados trajes reservados para ocasiones especiales. Una, dentista de profesión, dijo que nunca sería capaz de trabajar vestida así. Otras trajeron ropa más informal. Pero no importa el nivel de vestimenta o su costo, el sombrero sigue siendo el mismo.

Look cholita. Fotografía de Delphine Blast

 

Look cholita. Fotografía de Delphine Blast

 

Look cholita. Fotografía de Delphine Blast

Al igual que la leyenda, la popularidad del sombrero, conocido como borsalino, surgió de un error. A principios del siglo XX se ordenó un gran cargamento de sombreros de Europa para los trabajadores ferroviarios, pero fueron demasiado pequeños. En vez de devolverlos, se les dieron los sombreros a las mujeres locales. Algunas versiones de la historia dicen que a las mujeres se les contó que usarlo ayudaría con la fertilidad o para curar la enfermedad de la rabia de Europa.

En cualquier caso, el borsalino se convirtió en una parte integral del vestido tradicional y  de la identidad cultural, junto con las faldas y chales.

Look cholita. Fotografía de Delphine Blast

 

Look cholita. Fotografía de Delphine Blast

 

Look cholita. Fotografía de Delphine Blast

Blast tomó los retratos con un fondo de telas tradicionales bolivianos tejidos en colores elegidos para hacer eco de los audaces tonos de la bandera indígena whipala. En postproducción, estas se hicieron en forma circular para dar a entender la idea de Pachamama, o Madre Tierra, una figura central en las creencias espirituales indígenas.

Mientras Blast reconoce que estas imágenes estilizadas se refieren a la fotografía antropológica, ella animó a las mujeres a ser más francas a la hora de posar para sus retratos jugando con su pelo o inclinando el sombrero. “Quería ver a la mujer y no a la modelo…para ir más allá de una simple estampa postal”.

Fuente del artículo: National Geographic

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