Hablar de Responsabilidad en los tiempos que corren es lanzarle un órdago al mundo. Nuestra sociedad vive hoy una profunda crisis palpable por los ciudadanos cada vez menos libres para decidir cual será su destino. Quizá habría que plantearse cuales son los motivos reales de esa crisis. Para mí sólo hay uno: la ética. La ética para gobernar un país, la ética para asumir nuestro puesto de trabajo, la ética para dirigir empresas, la ética para tratar con nuestros proveedores, la ética para fijar el precio de producto, la ética para comunicar lo que somos y lo que ofrecemos, la ética para con nuestros competidores. En definitiva la Responsabilidad Social Corporativa está en crisis.

La moda es reflejo puro de una sociedad que no valora la creatividad de otros premiando a los que destruyen la retroalimentación del que crea y vende para entrar en un sistema en el que unos crean y otros se lucran a coste de su buen hacer, de su capacidad para generar ideas, para interconectar colores, líneas y tejidos. No conscientes hoy de que el mercado de la tendencia vive atascado con una insospechada convivencia y un se lleva todo marcado por la muerte del diseñador. Ese colapso en el mercado no sólo acaba con la necesidad social del artista, sino también con quienes viven de la lectura de la pasarela, de su organización, de su publicidad. No hay que olvidar que a moda genera ocho millones de puestos de trabajo directos.

No satisfechos deciden que otros elaboran prendas en condiciones infrahumanas, sin importarnos quién fabrica en esas condiciones y quién le permite introducir ese producto en unas fronteras exigentes con los derechos laborales y porqué lo permite. La culpa se divide entre el contratista, el fabricante y el legislador, que en definitiva permite la venta de ese producto, y en algunos casos hasta se le premia y se le hace valedor de llevar banderas nacionales por todas las aguas internacionales (aunque esto suponga derrumbes de fábricas o no contribuir a la distribución de la riqueza).

¿Qué le costaría al fabricante haber puesto ventanas en la fábrica de Bangladesh? ¿Estamos hablando en términos de vagancia, desinterés o en términos económicos? ¿o es qué a caso puestos a esclavizar al otro hagámoslo en condiciones?

Los consumidores se vuelven enfermos de la apariencia. El cambio diario de ropa se convierte en un ritual propio de High School americano que todos observábamos con ojos inquisidores sentenciando el vacío de quienes sólo valoran el exterior. Ridículo mundo el de las apariencias. En el que no prima la magia de los vestidos interiores si no la capacidad que tienen los marcadores de estilo y por ente los estilistas de decirnos que, dónde y cómo debemos vestirnos y todo por una jugosa cantidad de billetes que ha provocado que una de las profesiones responsables de la salvación de la humanidad, el periodismo, se convierta en mercenario.

El Foro RSC y Moda nace con la intención de reflexionar, analizar, informar y proponer. Gracias a los 32 ponentes que componen el mismo por su compromiso con el devenir del mundo.

El viernes 18 de octubre a las 11.00 hs participará Gema Gómez, la fundadora de Slow Fashion Spain.

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